Filosofías y Religiones - Budismo



El término budismo significa literalmente enseñanza de Buda (verdades naturales descubiertas por él); es una vía intermedia de autodesarrollo que lleva a la autoiluminación, una sicología, una ciencia espiritual y un misticismo. En el Budismo, las doctrinas religioso-morales más elevadas van unidas a las verdades filosóficas más profundas, con las cuales forman un todo inseparable.

Es una religión, en cuanto ilumina a sus seguidores acerca de la naturaleza del universo, así como acerca de las leyes y las fuerzas que en él existen, y en cuanto desvela al hombre la esencia de su ser, le muestra su verdadero destino sublime, sacude sus fuerzas y sus facultades morales somnolientas, enciende en él el deseo de las cosas nobles y buenas, le enseña a ser humano, paciente, desinteresado, lo consuela en el dolor, le infunde confianza en la muerte y lo guía hacia la meta más elevada de todo ser viviente, es decir, a la emancipación, a la consumación, al Nirvana o Nibbana, que constituye la felicidad suprema... por esto el Budismo es una religión.

El Budismo es al mismo tiempo una filosofía, en cuanto exige a sus adeptos, no una fe ciega, sino una convicción adquirida y confirmada por el propio trabajo de investigación, de examen y de reflexión seria. Sus doctrinas no están basadas en la voluntad de un Dios incomprensible o en una revelación sobrenatural, sino en la constitución natural del mundo y de la vida, que es accesible a todos. No trata de espantar al malvado con la amenaza de un castigo eterno; trata de guiar al que se equivoca para que abra los ojos, oscurecidos por las ilusiones terrenas, a fin de que sea capaz de ver la verdad y guía al honesto por el camino del progreso espiritual y del autoperfeccionamiento moral hasta alcanzar un punto capaz, en el cual toda cosa transitoria quedará a las espaldas como una apariencia inconsistente y en el cual el prejuicio, la duda y la ilusión desaparecerán a la luz del conocimiento.

El Budismo es una religión de praxis y no de fe. Acentúa, fuertemente, la moral práctica. Es fecundo para aquellos que lo practican, no para aquellos que se limitan a creer o a discutir. El Budismo hinayana presenta, como doctrina central propia, la salvación a través de la acumulación individual del mérito. La adquisición del mérito se considera como una tarea individual, para la cual no podemos contar con la existencia de los otros.

El Budismo se divide, a grandes rasgos, en la Escuela meridional o Theravada, la enseñanza de los antepasados, que abarca a Sri Lanka (Ceilán), Birmania, Tailandia y Camboya, y en la Escuela septentrional o Mahayana, que abarca al Tíbet, Mongolia meridional, China, Japón, Corea y el Vietnam. Estas Escuelas sumamente tolerantes en sus recíprocas relaciones, son dos aspectos complementarios de un todo.

El budista (cualquiera que desee seguir la Vía de Buda), vive conforme a sus enseñanzas. El budismo no conoce un código normal de prohibiciones. Cualquiera que quiere ser seguidor de Buda declara su propia intención usando la fórmula siguiente, llamada "Tisarana" o "Tres Refugios". La Tisarana se llama, también, la Triple Gema, es decir, Buda, Dharma y Sangha. Por lo tanto, cualquiera que entra en la religión budista, laico, laica y monje, debe conformarse a una regla preliminar, es decir, debe prometer solemnemente refugiarse en esta Triple Gema o Tisarana o Tres Refugios, y aceptarla como el propio refugio. Habitualmente, la fórmula es recitada en lengua pali, pero puede traducirse así:

"A Buda como a un refugio yo voy; A Dharma como a un refugio yo voy; A Sangha como a un refugio yo voy"

Buda nació en el seno de una familia principesca, del clan de los Sakyas, que vivía en Kapilavatsu, hacia la mitad del siglo VI a.C., probablemente en el 566. Su padre se llamaba Suddhodhana, un jefe de familia hindú aristocrático, y su madre se llamaba Mahamaya. El joven príncipe fue educado en medio de un lujo principesco.

A los diecinueve años se casó con una bella mujer, que se llamaba Yasodhara. Durante trece años llevó una vida llena de lujo y de felicidad doméstica. Pero, llegó, también, el día en que el joven príncipe se vio ante la realidad cruel de la vida.
El joven príncipe encontró a un viejo, a un enfermo, a un cadáver y a un individuo que vestía el hábito amarillo de los mendigos ambulantes. Estas cuatro apariciones significativas, lo iluminaron acerca de la verdadera naturaleza de la existencia.

Siddharta deseaba ardientemente descubrir las causas de la miseria presente en el mundo: las causas del nacimiento, del sufrimiento, de la vejez, de la muerte y del renacimiento, y encontrar un camino para terminar con ellas. Tenía 29 años, cuando decidió abandonar el mundo y retirarse a lugares solitarios. Una noche, mientras todos dormían, se paró en silencio, dio su última mirada de adiós a la mujer y al hijo que había nacido precisamente aquel día, y abandonó el palacio, decidido a no regresar hasta que no hubiese descubierto la solución del enigma de la vida.

Se adentró en la selva, se rasuró la cabeza, vistió el hábito amarillo de un ermitaño y durante seis largos e interminables años buscó una solución. Buscó el conocimiento preguntando a filósofos famosos de su tiempo y practicó formas extremas de ascetismo hasta que comprendió que el ascetismo extremo no era el camino a seguir y que esto no le habría conducido jamás a la perfección y a la liberación y decidió, para el futuro, seguir sólo la propia inspiración. Había constatado que la automortificación era dañina y desde entonces se limitó a abstenerse de una manera rígida de la sensualidad.

Una noche se sentó bajo un árbol y prometió que no se movería hasta que no hubiese encontrado una respuesta a su problema; después de 49 días de meditación, una noche de la luna llena del mes de mayo, en el lugar conocido con el nombre de Buddhagaya, él sostuvo la batalla final y alcanzó la iluminación. Desde entonces, fue conocido como el Buda, que significa "el iluminado". Tenía entonces, 35 años.
Desde ese momento, recorrió durante 45 años el norte de la India, enseñando y predicando su mensaje de esperanza y felicidad.

Entre los fundadores de las grandes religiones del mundo, Buda ha sido el único que no ha pretendido ser un mensajero inspirado. En su enseñanza, él no habla de creación del mundo, ni de una caída del hombre. Nada dice a propósito del pecado. No pretende ser un salvador. Proclama sólo que es un guía, un maestro de la vida, el cual, habiendo conseguido la liberación del sufrimiento, indica a los otros el camino que hay que recorrer para alcanzar la emancipación espiritual, no como un don de la gracia divina, sino como una conquista de la inteligencia y de la voluntad humana, realizada bajo la propia responsabilidad.

El hombre debe salvarse a sí mismo con los propios esfuerzos; nadie puede hacer por él lo que él debe hacer por sí mismo.

Buda murió a la edad de 80 años. A su comunidad le dejó sólo la Doctrina (Dhamma o Dharma), la verdad que él había descubierto, proclamado y comenzado a predicar. La esencia de todas las enseñanzas budistas está en esta Doctrina, que también es conocida como las Cuatro Nobles Verdades:
1. La constatación del sufrimiento (Dukka), que constituye el "diagnóstico";
2. El origen del sufrimiento, que es la "etilogía";
3. La cesación del sufrimiento, es decir, la "curación";
4. El sendero que conduce a la cesantía del sufrimiento, o sea, la "terapia".


La Cuarta Noble Verdad se la conoce como el: Óctuplo Noble Sendero. Este Sendero o Vía Intermedia consiste en ocho deberes o principios de conducta, que se agrupan en tres títulos: Sila (conducta ética o virtuosa), Samadhi (cultura mental), Panna (sabiduría o iluminación).
1) Conversación recta
2) Acción recta
3) Medios de subsistencia justos
4) Esfuerzo justo
5) Atención justa
6) Meditación justa
7) Ideas justas
8) Aspiración (pensamiento) justa.


Este Óctuplo Sendero lleva a tomar conciencia de sí, de la propia interioridad, lleva a la sabiduría y hace huir a la ignorancia; su fruto consiste en la serenidad, en el conocimiento y en la iluminación, que es el Nirvana, el estado de la paz perfecta y de la suprema felicidad.


El Nirvana consiste en la experiencia de una bienaventuranza que puede ser adquirida durante esta vida y en este mundo, no es un estado personal, sino un estado absoluto de bienaventuranza y felicidad suprema. Esta es la meta, a la cual el Óctuplo Noble Sendero conduce al budista.
Karma significa acción o hecho. Se trata de la ley universal del acto y de su consecuencia. De esta manera, todo ser hereda su propio Karma y continúa produciendo otros Karma, cuyo efecto se hará sentir en otro momento.
Hay cuatro especies de Karma en lo que se refiere a la procreación de la vida futura:
1. Aquello que tiene un efecto inmediato en esta misma vida;
2. Aquello que tiene un efecto en la vida inmediatamente sucesiva;
3. Aquello que tiene un efecto en alguna vida futura;
4. Aquello cuyo efecto ha perdido completamente su fuerza potencial.
Según el Budismo la ley del Karma es una ley autónoma. Esa se mueve en su propio campo, sin referencia a cualquier agente o legislador externo determinante. Nadie puede huir de ella o desatenderla sin pagar una pena o recibir la recompensa merecida con el propio Karma. Por lo tanto, podríamos describirla como la ley de la causa y del efecto.
El Sangha -que significa literalmente la Comunidad o la Asamblea- es el orden de los Bhikkhu o de los Monjes budistas, que llegaron a ser los nobles fundados por Buda.

Buda no designó a ningún sucesor suyo, ni dio a sus discípulos directivas referentes a una cierta forma particular de organización, sino que dejó detrás de sí una simple Fraternidad de Monjes, que exigía una cierta especie de autoridad moral para mantener la disciplina (Vinaya), pero no tenía ningún jefe fuera del Dharma (Doctrina).
El día de descanso budista es el sábado, que es sagrado en modo especial, porque conmemora algunos acontecimientos de la vida de Buda. El ritual religioso principal de los días festivos budistas consiste en las ofrendas hechas a los monjes, a Buda y a la pagoda, y el motivo religioso primarios consiste en el mérito que se deriva de tales ofrendas. Las tres principales fiestas budistas son: La tradicional fiesta del Año Nuevo budista, el Día de Buda y la Cuaresma budista.
Los budistas deben observar diez mandamientos o preceptos fundamentales, que se dividen en tres grupos, en Cinco Mandamientos, en Ocho Mandamientos y en los Diez Mandamientos.
A. Los Cinco Mandamientos (Panca Sila)
1. Me comprometo a observar el mandamiento de abstenerme de destruir la vida de los seres.
2. Me comprometo a observar el mandamiento de abstenerme de tomar cosas que no han sido dadas.
3. Me comprometo a observar el mandamiento de abstenerme de cualquier comportamiento sexual malo.
4. Me comprometo a observar el mandamiento de abstenerme de conversaciones falsas.
5. Me comprometo a observar el mandamiento de abstenerme de beber licores destilados o fermentados, que provocan intoxicaciones y marean.

B. Los Ocho Mandamientos (Atthamga Sila)
Incluyendo los cinco arriba mencionados, modifican el tercero y añaden otros tres.
El tercero está modificado como sigue: Me comprometo a observar el mandamiento de abstenerme de cualquier acto no casto.
Los mandamientos añadidos son:6. Me comprometo a observar el mandamiento de abstenerme de alimento en tiempo no debido.
7. Me comprometo a observar el mandamiento de abstenerme de la danza, del canto, de la música y de cualquier espectáculo indecente; de usar guirnaldas, perfumes y ungüentos, así como de las cosas que sirven para embellecer y adornar a la persona.
8. Me comprometo a observar el mandamiento de abstenerme de usar sillas altas y lujosas.
C. Los Diez Mandamientos (Dasa Sila)
A los ocho nombrados arriba, se han añadido dos:
9. No usar camas grandes y confortables.
10. No vender cosas de oro y de plata.




  © 2011 Eva Quevedo Ruiz

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