Papa Purusha

Significa el desequilibrio de las energías dentro de nosotros mismos, también el dolor y el sufrimiento a causa de la identificación y el apego que genera el ego. La transformación de “Papa Purusha” debe de entenderse como la transformación interior del conflicto generado por la energía positiva y negativa y convertirla en una tercera fuerza mental.

La dualidad es la base de la filosofía tántrica y debemos entenderlo como un fenómeno necesario existente en el Universo. El tantra habla de la dualidad en todos los niveles de la creación y se da mucha importancia a la necesidad de experimentar estos conflictos como medio de armonizarlos.

El principio “ida/pingala” se basa en la misma teoría. Ida representa la luna, pingala el sol, ida es la energía mental pingala la vital, ida es fría, pingala caliente... Las 2 fuerzas están constantemente superponiéndose y cualquier desequilibrio de ellas afecta directamente a la psiquis y a la mente, por lo tanto a la transformación de Papa Purusha.

Debido a esta dualidad, se crean una serie de tensiones entre ambas lo cual es necesario para la evolución de la vida. Si no existiera esa tensión, no evolucionaríamos, permaneceríamos inactivos e inertes a nivel de Tamas (inercia), pero debido a ese conflicto, se crea un desajuste que debemos tratar de equilibrar, lo que nos lleva a una, cada vez mayor, evolución espiritual.

En el nivel más alto está Shiva y Sakti, son las dos caras de la misma moneda y este mismo aspecto se puede observar en toda la existencia: día y noche, sol y luna, calor y fría, amor y odio... Sin el día no conoceríamos la noche y sólo seremos capaces de conocer la noche debido a la experiencia del día que la precedió o que la siguió. Por lo tanto ese grotesco hombrecillo, es el símbolo de las energías desequilibradas en nuestro cuerpo y en nuestra mente y fuertemente arraigadas en lo más profundo de nuestra personalidad.

La imagen de Papa Purusha emerge hábilmente cuando aparece la conciencia testigo observándolo todo: pensamientos, actos, evaluándolo objetivamente y viviendo cada faceta de la personalidad, que el ego había ocultado y de las cuales más nos avergonzábamos.

  © 2011 Eva Quevedo Ruiz

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